miércoles, 14 de diciembre de 2016



El cabalgar de Túpac Amaru en busca de su bienestar económico

Por: Carla Baca Sánchez
Fuente: http://3.bp.blogspot.com/-vPH6X2D0YyU/Unx1mcXbeEI/A
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Si redactamos sobre una de las más grandes rebeliones en el territorio peruano, desde la invasión española y el desarrollo de una sociedad clasicista, inmediatamente centramos nuestros pensamientos en la imagen ilustre de José Gabriel Condorcanqui-Túpac Amaru II, relativamente héroe, pero quien trasgrede las razones causantes del levantamiento. Nadie refuta su posición a favor de la élite indígena, pero ¿quién puede subestimar el desarrollo económico de este? ¿Acaso solo el amor hacia sus hermanos fue factor para la casi independencia de nuestro país? Como sabemos, Túpac Amaru II, durante un tiempo se dedicó al negocio del transporte entre localidades de Tungasuca, Potosí y Lima, para lo cual contó con un contingente de varios centenares de mulas; hizo también fortuna en negocios de minería y tierras; por ello se deduce que su posición económica era alta y si esta no se afectaba, no tenía motivos para alzar su voz de protesta ante la clase dominante. 

Además, si este basara la rebelión en el enfoque de afecto a su gente natal, ¿por qué exigió a las autoridades reales concederle el título de marqués de Oropesa? En el año 1766 reclamó el reconocimiento oficial como descendiente de Túpac Amaru y por consiguiente, su título de cacique o indio noble, desde muy niño heredó los curacazgos de Pampamarca, Tungasuca y Surimana.

Escritores como Peter Klarén en su libro “Nación y sociedad en la historia del Perú”, mencionan a la serpiente de fuego como un hombre muy activo en los negocios; ya que explotaba las tierras de cultivo de su cacicazgo. Además, se dedicaba al comercio, compraba coca, herramientas y alimentos para trasladarlos a las minas de Potosí y venderlos a los mineros. Adquiría, a su vez, telas y diversa artesanía que transportaba a Lima. En el trayecto, hacia escalas de comercialización local. Por ello al iniciarse un sistemático aumento de los impuestos de alcabala y un reajuste de los impuestos aduaneros en el sur del Perú, el corregidor Antonio Arriaga, encargado de los cacicazgos de José Gabriel Condorcanqui, manifestó su desacuerdo y junto a este utilizaron su influencia política para movilizar grandes masas de indígenas obteniendo su propio beneficio.

Por otro lado, la problemática llegó a tal punto que con la llegada a Lima del visitador José Antonio de Areche, se producen grandes dificultades comerciales. Por ejemplo, para ir de Arequipa al Cuzco había que pasar por territorio del Virreinato del Río de la Plata y ello comportaba el pago de impuestos aduaneros. Asimismo, una vez legalizado el reparto forzoso de mercaderías se intentó regular legalmente esta abusiva práctica comercial, restringiéndola a un tope que no podía ser excedido. Túpac Amaru II, no contuvo su malestar y estalló contra los tributos, el reparto de mercaderías y las prestaciones obligatorias de trabajo que imponían los españoles. “El establecimiento del libre comercio limitado, mermó la importancia de Lima y el Callao, la supresión de las encomiendas empobreció a la nobleza virreinal y el Estado colonial se militarizó, dando preferencia en el gobierno del Virreinato del Perú a los militares de carretera que pudieran enfrentar los nuevos tiempos revueltos que se aproximaban. La rebelión de Túpac Amaru II se inscribe dentro de este proceso de cambios y acusado descontento.” (Estudios Latinoamericanos, 1974).


Frente a todo lo expuesto líneas arriba, sostengo que la sublevación de Túpac Amaru II no se debió por el apego o hermandad que sentía por su élite, si no que todo rasgo independentista surgido, solo fue con el único principio de buscar su beneficio personal, conservando su estatus económico y atesorando el único privilegio que en ese entonces pulía la ideología andina, preservar el título de indio noble ante la población. Desde mi punto de vista, manifiesto ideas que el levantamiento fue motivado por intereses económicos, ya que a partir de las fuentes consultadas, se colige que dicha protesta evidenció más un acto financiero y materialista que cultural y sentimental por la libertad indígena.


Una decisión de amor:

Por: Carla Baca
Diego García
Cristhian Cabrera
Fuente: http://mihistoriauniversal.com/wp-content/uploads/piramide-
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La mañana de ese lunes era calurosa, mucho trabajo nos esperaba, Ra (dios del origen de la vida) nos bendecía con un sol refrescante, mi padre Seb acostumbraba a levantarnos para ir a trabajar; él decía que las pirámides no se realizarían solas.
-¡Levántate holgazán!, me dijo.
Y  con un salto ya estaba desayunando. Extraño mucho la comida de mi madre Menefer, su Fatta y su Kefta (comidas egipcias) listas para un delicioso desayuno. Isis  nos alegraba con sus cánticos, la pequeña de la casa siempre nos sacaba una sonrisa, luego de una jornada dura de trabajo. Lamentablemente, Anubis (dios de la muerte) me esperaba, listo para encaminarme a la vida del Más Allá. A verdad lo olvidaba, yo, Ramsis, ya estoy muerto.
Me disgustaba ir a trabajar en las pirámides y más aún si nos golpeaban con látigos.
-¡Terco, tonto, inútil!, me gritaban.
-Ramsis, por favor no te niegues y no te ciegues, te acabaran matando y no tenemos dinero, me decía mi madre.
Ya cansado, decidí dormir, y cuando desperté, me encontraba en el fondo de Mesín, la más alta pirámide que junto a mi padre y mi abuelo la habíamos construido. Encontré a Femi, mi dulce amor, a quién golpeaban y obligaban a limpiar el interior de ese monumento. 
-¡Femi!, grité.
Y ella corrió a mis brazos, junto a miles de hombres que enfurecidos nos perseguían. Por salvarla me sacrifiqué, me clavaron una estaca en el pecho mientras que mi amada corría, quiso volver pero yo se lo impedí, si ella regresaba nos matarían  a los dos y la amaba tanto que prefería perder mi vida a que ella arriesgase la suya.
Veía a la dulce Femi llorar y a Isis consolarla, todos reunidos, mi madre se había desmayado, mi padre no tenía cara, su único hijo había fallecido. Nadie supo el motivo de mi muerte, horas antes cuando encontraron a Femi en el borde del Nilo le propusieron su libertad a cambio de su silencio. De repente, me encontraba solo, observaba mi cuerpo sin movimiento y como mi abuela Mafuane abría mi pecho y sacaba uno por uno mis órganos.  
-Osiris (dios de la resurrección), ten piedad de mi nieto, el único que tengo, mi pequeño, mi Ramsis, muerta injusta para un justo en el reino de Ra, decía ella mientras envolvía mi cuerpo con una manta y a su lado se encontraba mi corazón inmóvil.
En ese instante deseaba con ansias ser faraón, ya que  ellos tenían la vida asegurada en el Más Allá. De pronto, recordé las palabras de mi abuelo, quien antes de morir me comentó acerca del juicio de Osiris y la presencia de Anubis. Traspasando el Duat (el inframundo), me encontraba solo en la sala de las dos verdades y felizmente no fui juzgado por los 42 demonios, logrando obtener la vida eterna en el Aaru (lugar paradisíaco).
Una noche de sueño, oí lentamente los quejidos de mi adorada Femi, desperté preocupado, preguntándome en donde mi amada se encontraba. La seguí escuchando, su llanto me angustiaba y me entristecía el recordar que no podía estar cerca de ella. Rogué a Osiris que me permitiera visitarla, deseaba con ansias verla, él me lo permitió y con uno de sus demonios regresé a casa transformado en alma. La veía suspirando, mientras lágrimas caían por sus rosadas mejillas.
-No sufras más, algún día nos reencontraremos, le susurré al oído acompañado de un tierno beso en la frente aunque sabía que no podía escucharme.
Pasaron días, meses y cada noche la escuchaba llorar, su depresión me inquietaba tanto que decidí invocar a Hathor (diosa del amor) en busca de ayuda. La solución era el tiempo, Femi necesitaba tiempo para dejar de lado el dolor, tenía que olvidarme y yo estaría listo. Hathor me propuso regresar a la vida y hablar con ella pero al sumergirme en el olvido desaparecer completamente, sin dudarlo dos veces acepté. Invocó al dios de los dioses Ra y mi alma se iba endureciendo hasta transformarse vivamente en aquel joven que yo solía ser.
Desperté en el desierto de Libia y corrí con tantas fuerzas hasta regresar a mi hogar, encontré a mi madre, a Isis que al verme lloraron, mi padre se encontraba trabajando doble por mi culpa, enfrentando el dolor y calor producido por quien me había devuelto a la vida.
-Escucho esa dulce voz, amado mío ¿eres tú?, escuché a mi querida Femi.
-Sí Femi, Hathor y Ra me permitieron estar contigo una última vez, pero deja de llorar y ven dame un abrazo.
Se acercó sollozando a mí, me abrazó tan fuerte que se me agotaba la respiración. Decidimos conversar y ya tranquilos le conté sobre mi pacto entre la vida y la muerte, ella aceptó mi propuesta y me pidió volvernos a ver en el Más Allá, bajo nuestro paraíso Aaru, pese a la depresión que atravesaba en ese instante.
Llegó el momento que menos esperaba, Hathor me comunicó que hace algunos días, Femi ya no me pensaba, había superado mi pérdida, me había olvidado, ya no sufría y su luz había vuelto, mientras mi luz se desvanecía convirtiéndose en una infinita oscuridad.
-Nunca debiste aceptar, ahora te arrepentirás, me dijo Osiris acompañado por Anubis dispuestos a eliminarme...

Sinceramente nunca me arrepentiré de mi decisión; en breves minutos me lanzarán al vacío perdiendo esta carta que nunca terminaré de escribir. Amo, amé y amaré por siempre a Femi y más ahora que antes ya que estuve dispuesto a entregar mi vida por buscar su felicidad.